Economía: verdades y mentiras, de Thomas Sowell: contra la corriente

¿Qué sucedería si en la Ciudad de México y en las metrópolis con problemas de tráfico vehicular se impone un cobro por utilizar sus calles a los automovilistas? Seguramente, la disposición inhibiría el uso de los vehículos particulares yobligaría a la creación de políticas públicas para que las personas puedan trasladarse a su empleo, a la escuela o de compras.

El filósofo y economista Thomas Sowell (Gastonia, Carolina del Norte, 1930), actual catedrático en Stanford, revisa diversas afirmaciones en materia de economía que se encuentran arraigadas entre la sociedad, en los medios y en las élites de poder. Son ideas que nadie cuestiona pero que la mayoría acepta, aunque sean falsas, como demuestra en su libro.

Por ejemplo, las relacionadas con el transporte público y el tráfico vehicular. “El hecho de que la mayor parte de las calles de la ciudad y de las autopistas sean gratuitas para los automovilistas –ejemplos clásicos son las autopistas de Los Ángeles– significa que tienden a usarse de un modo más extenso de lo que se utilizarían si los usuarios tuvieran que pagar los costos que su viaje impone a otros”, escribe.

En ese contexto cuestiona las políticas actuales que consideran a rajatabla que el transporte público es la solución al problema de la congestión de tránsito.

“El único modo de hacer que el transporte masivo sea un sustituto para el automóvil sería ‘llevar a las personas a un estilo de vida que simplemente no desean’ (según Ted Balaker y Sam Staley, en The Road More Traveled), como tratan de hacer muchos defensores del transporte público y de las zonas de alta demanda de vivienda”.

“En primer término –explica–, los automóviles pueden llevar a las personas directamente del hogar al trabajo, lo que evitaría viajes hacia y desde los puntos donde se puede abordar el transporte masivo, y también permite traslados que con frecuencia son necesarios”.

“Además, poco más de la mitad de los estadounidenses no sigue un curso recto entre el hogar y el trabajo en sus autos, sino que hacen otras paradas –por ejemplo, para hacer compras o recoger a sus hijos– y en esto, el transporte masivo no puede sustituir al automóvil”.

De esa manera, a partir de ejemplos prácticos, Sowell reflexiona sobre el poder de las falacias, así como las verdades y mentiras que prevalecen en materia urbana, sobre el hombre y la mujer, académicas, acerca de los ingresos, en relación a las razas y el Tercer Mundo.

(Thomas Sowell. Economía: verdades y mentiras. Editorial Océano. Ciudad de México, 2011, 230 p.)

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